Reflexiones sobre la política exterior del gobierno izquierdista Español

 

Rue20 en español/ FEZ

Ismail El Khouaja

Lo de “Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma”, no le salió bien al presidente del gobierno de coalición, Pedro Sánchez, en su gira exprés a Estados Unidos el mes pasado.

Sánchez visitó Nueva York, Hollywood y el Apple Park, pero sin llegar a ver al presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Tras el histórico pasillo de 29 segundos en la cumbre de la OTAN, que llenó a Twitter de memes, Sánchez fue otra vez ninguneado por Biden y también por los de la Casa Blanca.

Sin embargo, algo de eco mediático resultó su visita. Un hecho que animó a la prensa española (próxima a la Moncloa) que lo interpretó como guiño de la administración Biden.

Los medios de comunicación estadounidenses se asombraron por el físico de Sánchez, calificándole de Superman.

“Wow, He’s hot”, según alguien que comentó por Youtube la entrevista que concedió Sánchez al programa Morning Joe, de la MSNBC.

Mas que esto nada. Lo único que consiguió Sánchez de miles de euros gastados en hoteles y seguridad para ver o tomar un selfie con Biden fueron piropos.

Viajar hasta Estados Unidos sin llegar a firmar un acuerdo de inversión se interpreta como un fracaso inadmisible.

Sánchez se dejó llevar por razones que ignoramos, actuó sin tener adelante la historia de su PSOE en su relación con la primera potencia en el planeta, Estados Unidos.

De hecho, la retirada de las tropas españolas de Irak por iniciativa del aquel entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, sin previo aviso a los países de la coalición, lleva marcando huella en la política exterior española con EEUU.

Además, un presidente de gobierno, Zapatero, que permanece sentado al paso de la bandera de EEUU en el día de la Hispanidad de 2003 es una falta de respeto hacia un país aliado que gobierna el mundo.

Son dos gestos cuyas repercusiones permanecen hasta hoy en día.

Lo que tiene que saber Sánchez, es que, en tiempos de guerra, la lealtad es lo único que se valora.

El PSOE rompió esta regla, y España lo está pagando caro. Esto se tiene que tomar en cuenta y no hacer como si no hubiera pasado nada. Si Sánchez le falló memoria, pues a Biden no.

El multipartidismo fracasó en España, la izquierda también. La entrada de un partido comunista al gobierno, Podemos, supuso un paso atrás para la democracia española respecto a sus relaciones con países como Estados Unidos y Marruecos.

El mundo de hoy trabaja para la paz y la integridad territorial de los países. En cambio, Podemos apoya la segregación de los mismos. Esta política separatista nunca fue ni será una solución. Sin embargo, el mero hecho de plantear preguntas como ¿Por qué Podemos apoya el independentismo en Marruecos y no en España o en Argelia?, revela la hipocresía y un corte de miras de este partido.

Por desgracia, Podemos ejerce un peso grande en el gobierno de coalición de Sánchez. En la remodelación del gobierno que hizo Sánchez el mes pasado ningún podemita fue tocado. Esto corrobora la tesis del politólogo español, Pedro Altamirano cuando nos comentó, en unas declaraciones a nuestro digital “Rue20 en español”, que “el actual gobierno de España está secuestrado por el totalitarismo de Podemos”.

El Gobierno de Sánchez quiso jugar a lo grande, sobre todo cuando pretendió presionar a la administración Biden para que renunciase el reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara declarada en diciembre pasado por parte del ex presidente Donald Trump.

La respuesta la tuvo Sánchez en su pasillo en la OTAN y ahora ninguneado en territorio americano.

El actual gobierno de coalición con miembros comunistas posicionó a España en un aislamiento inhabitual en la escena internacional. La falta de pericia de algunos ministros con la radicalidad de otros no contribuyó en seguir el camino democrático que había iniciado el rey Juan Carlos desde la transición.

¿Cómo se puede conversar con Estados Unidos o con el Reino de Marruecos teniendo comunistas en el gobierno?
Sin embargo, no hay mal que por bien no venga. El fracaso de política exterior española ha empujado a Estados Unidos a cambiarse de perspectiva.

En vez de España, Estados Unidos está apostando por Marruecos como socio estratégico en el Mediterráneo Occidental.

La política del Rey Mohamed VI de diversificar sus relaciones favoreció a muchos países a apostar por Marruecos como país de entrada al futuro continente africano.

Desde la firma trilateral del Acuerdo de Abraham entre Estados Unidos, Marruecos e Israel, las relaciones marroquí-estadounidenses solo pueden calificarse de privilegiadas.

El reconocimiento de la administración Trump de la marroquinidad del Sáhara, y el seguimiento de la administración Biden del mismo supuso un choque para algunos países que les inquieta el desarrollo que está conociendo Marruecos bajo el sabio liderazgo de su Rey Mohamed VI. Países como Alemania, España y Argelia siguen sin digerir esta nueva situación.

Como efecto de venganza, Alemania colgó la bandera del ficticio Frente Polisario en uno de sus consulados. España acogió con brazos y flores a un criminal de guerra acusado de genocidio y lesa humanidad, Brahim Ghali.

Argelia lo de siempre: abrir los grifos de gas y petróleo en busca de apoyo para obstaculizar el desarrollo del Reino.

Rabat entiende lo de Argelia, pero no le gustó nada que los dos países europeos cuestionaran el reconocimiento americano y decidió así hacer límite a la política de doble rasero que adoptan algunos países europeos.

Por eso, decidió cortar, sine die, las relaciones con el gigante europeo, Alemania, y la vecina del norte, España.

En cuanto a la vecina del este, se sigue esperando su actitud respecto a la mano que el Rey Mohamed VI le tendió en su discurso real por motivo de su 22 aniversario de coronación.

Estos países ven con mal ojo el desarrollo económico marroquí y su papel estratégico como garante de la seguridad en la región.

Para dejar de emitir juicios, basta ver el informe secreto del instituto alemán, SWP stiftung wissenschaft und politik, donde pide a la Unión Europea la necesidad de limitar el apoyo a los programas y planes de desarrollo económico marroquíes para lograr una especie de equilibrio entre este país, Argelia y Túnez para evitar su dominio sobre el Magreb.

Volviendo a lo de la vecina del norte, consideramos que las cosas van a coger tiempo.

España no piensa cambiar su posición respecto al Sáhara marroquí, y Marruecos tampoco piensa cederle a España un lugar privilegiado, en cuanto a primer socio comercial en el Reino, mientras juega con su política de doble rasero.

En su discurso Trono, el Rey Mohammed VI no mencionó a España, a pesar de la felicitación del rey Felipe VI, un día más tarde, del 22 aniversario al monarca alauí.

Por lo cual, es difícil hablar de una pronta reanudación de relaciones diplomáticas entre dos países ligados por la historia y la geografía, sobre todo en la era de la izquierda española.

 

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